Días eternos, arrastrándose segundo a segundo sobre Angela. En la oficina el reloj apenas avanza, doblando un segundo sobre otro, frente a un ventilador que vomita aire caliente y pegajoso. Otro verano, o quizá el mismo de siempre. Intenta concentrarse, tal vez así corran las agujas…

   Sumando otro día, otro año, otra vida. En su mente los “quisiera” del futuro. En su espalda los “si hubiera” del pasado. Nuevas ilusiones llaman a la puerta.

Hace frío. Detrás de los cristales la niebla avanza con firmeza, engullendo las figuras, borrando las formas. Sombras sin rostro desfilan de la mano dirigiéndose a la penumbra. El frío me envuelve, me apreita el pecho. Dibujo en la ventana. Busco sensaciones pasadas, recuerdos fríos, como hoy.

Vuelve aquel momento, aquella tarde. Los dos sentados. No había palabras. Tu mirada. Mi mano, nerviosa, anhelaba la tuya. Ya no somos unos críos. No es fácil, no es el momento.

 No es más que un recuerdo, casi un sueño. A veces pienso que no te conocí. Fantaseando con instantes, haciéndolos eternos. Mi corazón puede transformar un suspiro en una hora, un minuto en toda una vida.

      Un murmullo incesante me envuelve: no puedo concentrarme. Intento trabajar pero inevitablemente mi atención se desvía hacia cualquiera de las conversaciones que me rodean. Visita de la auditora: es joven, gafas rojas y conocimiento desmesurado de todos los procesos, aún se aprecia el entusiasmo en su trabajo. Me pregunto cuanto tardará en convertirse en cacatúa.

      Alrededor los pájaros no cesan. Si cierro los ojos puedo distinguir sus gorgojeos perfectamente. Conozco sus secretos, y no me interesan pero los escucho sin poner resistencia, esperando sólo que salgan de mi cabeza con la misma facilidad con que entran. Estoy saturada.

      Plumajes raídos, disfraces para la incompetencia. Graznidos para ocultar el silencio de las aves externas, amenaza creciente para su acomodada  y formal existencia.

       

   Amanece y Elena frente al espejo no se reconoce. Busca entre las arrugas todo lo que quiso ser. Ha ido perdiendo tantas cosas por el camino que apenas tiene rostro. Como el reflejo en el agua al tirar la piedra: su vida ha desaparecido en silencio. Apenas puede respirar.

   Se tumba en la cama y mira al techo. Ahí está, empezando de nuevo, lejos: “-Maldita sea! No puedo echarlo de menos. “

    Sigue atada a él, a través de sus pensamientos. Por un momento mira él teléfono y extiende su mano. Algo cae al suelo,se asusta con el golpe. Es la foto de Marcos y Lucía. Entonces retira su mano y la posa vacía sobre su vientre. Encogida sobre sí misma, replegada en su interior como tantas veces. Se debate entre la soledad y el miedo. La decisión está tomada, será mejor cerrar bien la puerta. Apaga la luz para no ver el cuarto vacío, para no ver su ausencia.

  

   Podría pasarme horas, tumbada en las piedras, boca abajo, mirando el horizonte, esa línea sutíl que separa los azules, difusa, imprecisa. Me relajo profundamente y me abandono al cosquilleo del sol. Me fundo con las piedras y me transformo en arena. El viento me arrastra a países lejanos, idiomas extraños que preguntan ¿Mi nombre? En el cielo donde se derraman las nubes mi nombre es Azul. En el mar donde te busco mi nombre se mezcla con el tuyo, en el fondo, buscando conchas. Desaparezco y soy tú, por un instante lo entiendo, y me sorprendo dibujando tu nombre en la orilla, dónde siempre te encuentro.

  

Querida hormiga obrera:

La recién llegada hormiga supermona, hormiga churroncia u hormiga izquierdista ha desvelado durante el desayuno su habilidad con la mano izquierda para ciertas prácticas obscenas.

A pesar de que ella lo niega, fuentes cercanas a la dirección de este centro han declarado que en las últimas pruebas realizadas a la susodicha, el nivel de velocidad, intensidad y reflejos que mostró con esa mano, y en concreto con los dedos pulgar y anular, dejaron maravillados a más de uno de los presentes. Tal fue la expectación suscitada que una interminable cola de machotes estilo hulk se agolparon en la puerta del recinto a la espera de ser manipulados por la supermona.

Desde tal descubrimiento, los teléfonos de la quinta no paran de sonar y la sexta acumula solicitudes y solicitudes de manipulaciones izquierdistas de la supermona.

Para las próximas horas la huelga que estaba prevista convocarse en la puerta del Hospital General se ha sustituido por una sentada general de los residentes en el pasillo de la quinta que no se resolverá hasta que la supermona atienda una por una todas las peticiones.

Quedas avisada, hormiga obrera, de los tiempos que se nos avecinan.

Hoy me estreno. Cualquiera que lea estas palabras se puede pensar cualquier cosa, pero no. Me “estreno” escribiendo en este ciberespcio que mis compañeras de “esta nuestra quinta planta”  han llevado a cabo con mucho mimo para desahogarse, contar anécdotas y demás cosas varias. Poco tengo que decir, tampoco quiero aburriros así que seré escueta. Tan sólo llevo 3 semanas en este lugar de trabajo o de encuentro (para algunas más que para otras) y he de reconocer que me lo paso pipa, como se dice por mi tierra. Lo mismo estamos “hasta arriba” que de repente no sabemos qué hacer… a Sandrita le temo cuando dice las palabras mágicas “hoy vamos a tener un día muy tranquilo…” porque de repente surge lo peor ; luego está Gloria que nos anima con su repertorio  variado y veraniego y no hay que olvidarse de Olga que, ultimamente, está desaparecida en combate.

De los demás “compis” no es necesario decir nada porque sobran las palabras y lo sabéis…jeje. Antes de terminar esta mini-epístola cibérnética, me siento con el deber de comunicaros que: después de haberme aguantado estas dos últimas semanitas con el coñazo del carné de conducir, si apruebo y Dios quiera que así sea porque si no seré completamente consciente de lo “corqui” que soy… os invitaré a una cañita con su tapa correspondiente.

Dicho esto y sin más dilación, aquí se despide una “fraggle”.

Un besito gordito!!!!

PD: Y no os olvidéis de este lema “para disfrutar tus problemas déjalos…”

   Vivimos con la prisa de la ciudad y no disfrutamos el momento. Yo lo noto cada vez que voy al pueblo: el mismo viaje ya es un cúmulo de sensaciones. Salgo del trabajo corriendo para evitar el tráfico del Sanitex(término que utiliza mi padre para describir al granaíno que huye a la playa cada fin de semana) pero es tarde y no nos queda otra que meternos en la cola. Que calor!!!!!!!!! Lo peor, cuando acaba la utópica autovía, eterna promesa y vana esperanza. Creo firmemente que nunca se terminará… era yo joven cuando empezaron a hacerla y me haré vieja sin pisarla.

   Si consigues sobrevivir a los conos y a los abonaos al carril de la izquierda, pasas el desvío de Molvízar(un saludo a Edu, somos de pueblo) y por fin divisas a lo lejos la redonda, pero hay otra cola porque el cartel que dice USTED TIENE LA PREFERENCIA no es lo suficientemente grande para que lo vean mis vecinos de viaje.

   Ya casi puedo tocar el mar, si cierro los ojos percibo su olor. Aún nos queda la cola de Torrenueva, cuna del dominguero y sede del peatón imprudente: escoltados tras sus sombrillas, flotadores y neveras se lanzan a cruzar la carretera a toda velocidad por cualquier lugar, arrastrando con ellos niños, perros, suegras y demás complementos. Es increíble como pueden cruzar de dos zancadas con tanto peso. Será una destreza adquirida con los años de práctica.

   Pasamos Carchuna y Calahonda. Un destello del pasado me empeña los ojos. Nunca entenderé por qué pasó. No te olvido nunca. Cierro los ojos otra vez y te recuerdo feliz, Tú siempre, hasta el final. Realmente es un lugar bonito, pero no deberías estar aquí. Me quedé con tantas cosas, no te dije muchas, los finales cuando son inesperados duelen más. Sigo mi camino y te meto en mi mochila, con mis líos, mis humores, mis cachitos. Te sigo queriendo.

   El mar me invade, el olor me satura. Abro la ventanilla y siento la humedad sobre mí. Las sensaciones fluyen, siempre me pasa lo mismo, tan gratificante, ese momento es lo mejor del viaje. Veo pasar todos los veranos, todas las vacaciones, todo asociado y mezclado. Los amigos, la arena, el agua, las pipas, los helados, los domingos, la siesta, un paseo con él, me coges la mano, una caricia, amigas para siempre, el autobús de vuelta, llego tarde…

   Es como la vuelta a casa, el hogar. No hay nada mejor.