Podría pasarme horas, tumbada en las piedras, boca abajo, mirando el horizonte, esa línea sutíl que separa los azules, difusa, imprecisa. Me relajo profundamente y me abandono al cosquilleo del sol. Me fundo con las piedras y me transformo en arena. El viento me arrastra a países lejanos, idiomas extraños que preguntan ¿Mi nombre? En el cielo donde se derraman las nubes mi nombre es Azul. En el mar donde te busco mi nombre se mezcla con el tuyo, en el fondo, buscando conchas. Desaparezco y soy tú, por un instante lo entiendo, y me sorprendo dibujando tu nombre en la orilla, dónde siempre te encuentro.