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Sumando otro día, otro año, otra vida. En su mente los “quisiera” del futuro. En su espalda los “si hubiera” del pasado. Nuevas ilusiones llaman a la puerta.
Vuelve aquel momento, aquella tarde. Los dos sentados. No había palabras. Tu mirada. Mi mano, nerviosa, anhelaba la tuya. Ya no somos unos críos. No es fácil, no es el momento.
No es más que un recuerdo, casi un sueño. A veces pienso que no te conocí. Fantaseando con instantes, haciéndolos eternos. Mi corazón puede transformar un suspiro en una hora, un minuto en toda una vida.
Amanece y Elena frente al espejo no se reconoce. Busca entre las arrugas todo lo que quiso ser. Ha ido perdiendo tantas cosas por el camino que apenas tiene rostro. Como el reflejo en el agua al tirar la piedra: su vida ha desaparecido en silencio. Apenas puede respirar.
Se tumba en la cama y mira al techo. Ahí está, empezando de nuevo, lejos: “-Maldita sea! No puedo echarlo de menos. “
Sigue atada a él, a través de sus pensamientos. Por un momento mira él teléfono y extiende su mano. Algo cae al suelo,se asusta con el golpe. Es la foto de Marcos y Lucía. Entonces retira su mano y la posa vacía sobre su vientre. Encogida sobre sí misma, replegada en su interior como tantas veces. Se debate entre la soledad y el miedo. La decisión está tomada, será mejor cerrar bien la puerta. Apaga la luz para no ver el cuarto vacío, para no ver su ausencia.
Vivimos con la prisa de la ciudad y no disfrutamos el momento. Yo lo noto cada vez que voy al pueblo: el mismo viaje ya es un cúmulo de sensaciones. Salgo del trabajo corriendo para evitar el tráfico del Sanitex(término que utiliza mi padre para describir al granaíno que huye a la playa cada fin de semana) pero es tarde y no nos queda otra que meternos en la cola. Que calor!!!!!!!!! Lo peor, cuando acaba la utópica autovía, eterna promesa y vana esperanza. Creo firmemente que nunca se terminará… era yo joven cuando empezaron a hacerla y me haré vieja sin pisarla.
Si consigues sobrevivir a los conos y a los abonaos al carril de la izquierda, pasas el desvío de Molvízar(un saludo a Edu, somos de pueblo) y por fin divisas a lo lejos la redonda, pero hay otra cola porque el cartel que dice USTED TIENE LA PREFERENCIA no es lo suficientemente grande para que lo vean mis vecinos de viaje.
Ya casi puedo tocar el mar, si cierro los ojos percibo su olor. Aún nos queda la cola de Torrenueva, cuna del dominguero y sede del peatón imprudente: escoltados tras sus sombrillas, flotadores y neveras se lanzan a cruzar la carretera a toda velocidad por cualquier lugar, arrastrando con ellos niños, perros, suegras y demás complementos. Es increíble como pueden cruzar de dos zancadas con tanto peso. Será una destreza adquirida con los años de práctica.
Pasamos Carchuna y Calahonda. Un destello del pasado me empeña los ojos. Nunca entenderé por qué pasó. No te olvido nunca. Cierro los ojos otra vez y te recuerdo feliz, Tú siempre, hasta el final. Realmente es un lugar bonito, pero no deberías estar aquí. Me quedé con tantas cosas, no te dije muchas, los finales cuando son inesperados duelen más. Sigo mi camino y te meto en mi mochila, con mis líos, mis humores, mis cachitos. Te sigo queriendo.
El mar me invade, el olor me satura. Abro la ventanilla y siento la humedad sobre mí. Las sensaciones fluyen, siempre me pasa lo mismo, tan gratificante, ese momento es lo mejor del viaje. Veo pasar todos los veranos, todas las vacaciones, todo asociado y mezclado. Los amigos, la arena, el agua, las pipas, los helados, los domingos, la siesta, un paseo con él, me coges la mano, una caricia, amigas para siempre, el autobús de vuelta, llego tarde…
Es como la vuelta a casa, el hogar. No hay nada mejor.
