08.00-09.00h. Se llega entre diez y quince minutos más tarde. O aunque se llegue antes, el ordenador no cumple su función de herramienta de trabajo hasta bastaaante ratito después. Llamadas personales, consulta del horoscopo, paseo por la planta para saludar a los compañeros.
09.00-10.00h. Se comparten impresiones sobre el trabajo que hay que realizar entre compañeros a un tono de voz suficientemente alto para que el resto de mesas nos enteremos de que los funcionarios trabajan ehhh. Y claro que nos enteramos. Del correo que hay que enviar, el informe que no llega, los acuerdos y desacuerdos. Un poquito antes de las 10.00 ya hay que ir a desayunar.
10.00-11.00h. La jungla se convierte en desierto hasta bien pasadas las y media. Vuelta del desayuno, nuevas llamadas telefónicas para consultar distintas recetas de comida y por fin saber qué comer ese día. Entrada y salida de personal que necesita consultar algo.
11.00-12.00h. Turnos para ir al servicio. Ahora tú, ahora yo, ahora esto, ahora lo otro. dalgo más de media hora de trabajo.
12.00-13.00h. Hora del cacareo, el paseo y el compadreo.
13.00-14.00h. Horario de visitas. Cuando no son unos son otros. Se trabaja algo así como una hora.
14.00-15.00h. Momento de distensión. La hora de cierre se acerca y hay que empezar a mentalizarse. A las 14.50 luces apagadas, mesas vacías.
La fama de funcionario que no da palo al agua se la ganan a pulso. Por suerte o desgracia están también los que no dan a basto y cumplen como el que más. Y es que claro, lo que no hacen unos tendrán que hacerlo otros.
Que vida más injusta.